Domingo 12
Octubre 2008

LOS URUGUAYOS FUERON MENOS PERO SE HICIERON SENTIR MAS

El hincha recién explotó cuando todo terminó

El jugador de la gente fue Javier Mascherano, a quien ovacionó en cada intervención.

En la previa del partido ante Paraguay el discurso del plantel de Basile era unánime: "Estamos en deuda con la gente", repetían una y otra vez los jugadores. Esta vez, ellos estuvieron lejos de autopresionarse. Y esta predisposición distinta ante el partido jugó a favor de Argentina porque hasta la primera mitad del primer tiempo se vio la mejor performance de los últimos tiempos. Hubo dos goles y algunas sociedades que levantaron a un público muy apagado.

Ya desde la previa se notó cierta distancia de la gente para con el espectáculo. De hecho, cuando los altoparlantes anunciaron los nombres de Juan Román Riquelme y de Alfio Basile, ambos recibieron abucheos de diferentes sectores del Monumental.

Sin embargo tras el pitazo inicial hubo una suerte de tregua y los reproches acallaron. Más aún luego de la asistencia a Messi en el primer gol. Y con el partido 2-0 el enganche de Boca se acercó a patear un córner y fue aplaudido. La tregua volvió a romperse cuando el 10 fue amonestado y reemplazado por el Lobo Ledesma. Allí se mezclaron silbidos y aplausos, fiel a las sensaciones que despierta Riquelme. Al mismo tiempo que él dejó la cancha, también fue reemplazado Sergio Agüero por Diego Milito. A diferencia del ex Villarreal y Barcelona, el Kun fue de los más aplaudidos junto a Carlos Tevez.

Sin embargo, si algo confirmó el choque de ayer fue la sensación de que el jugador de la gente es Javier Alejandro Mascherano, quien fue aplaudido en cada intervención. Como a los 9 minutos, cuando fue a trabar con Cristian Rodríguez.

Esas ovaciones matizaron la imagen de indiferencia que partió siempre desde las tribunas. En varios pasajes del partido hubo silencio que se sumó al poco color y a las escasas banderas. Una clara demostración de esto fue el segundo tiempo, cuando más áspero y peleado era el partido. La gente casi no participó. Este escenario contrastó con el griterío y el cotillón que desplegaron los hinchas uruguayos. Mucho celeste inundó la Centenario baja. Y por momentos tapó a la parcialidad local.

En conclusión, el hincha explotó con el pitazo final. Un alarido que sonó a desahogo. Y se fue contenta la gente por el triunfo. Pero la sensación que quedó flotando en el ambiente fue que el equipo todavía está en observación. Y, más allá de los discursos, la selección todavía está en deuda.

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